Con
el desasosiego de lo onírico
caminas
ante mi, distante.
Vuelas
cerca y lejos a la vez
ignorante
de mi presencia
absorta
y feliz en tu angustia atareada,
dándote
sin medida
tormenta
de abrazos acogedores.
Espérame,
por favor,
en
la tarde dorada
y
premiame compartiendo tu carga conmigo.