Llevo varios
días
haciendo fugaces
visitas
al cada vez más
lejano
país de mi
adolescencia
y me llueven
déjà vu
de noches
calientes
y estrellas
fugaces,
mientras
cohortes de luciérnagas
desfilan en el
borde de mi visión
con su
fosforescencia verde
dibujando en el
suelo y los parterres
copia fiel
de las
trayectorias ardientes
de las Perseidas,
llevando mi
ánimo
a felicidades
que creí olvidadas.