Tengo un mapa para cada estado de ánimo;
hay portulanos histéricos y un mercator tímido,
incluso mapas del metro enloquecidamente euclidianos.
Hay proyecciones cónicas angustiadas
y cartas náuticas mudas de hastío.
Existe un mapa con el que logré perderme
y otro que hizo que me encontrara.
Hay mapas técnicos hasta lo soéz
y otros de una engañosa simpleza zen.
Y, a pesar de todos ellos, se hacia donde voy.
¿No es hermoso?
Publicado originalmente el 15/11/2009